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A lo largo de su vida Gregory Reeves sintiò en varias ocasiones ese deslumbramiento ante las sorpresas del mundo, esa sensaciòn de pertenecer a un lugar esplèndido donde todo es posible y cada cosa, desde lo màs sublime hasta lo màs horrendo, tiene una razòn de ser, nada sucede por azar, nada es inùtil, como predicaba a gritos su padre, ardiendo de fervor mesiànico, con una sepiente enroscada a sus pies.

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