Nora Reeves cogiò un libro y leyò en alta voz una enredada historia de agipcios que por lo visto los ninos ya conocìan, porque Gregosry la interrumpiò.
-No quiero que Aìda se muera encerrada en la tumba, mamà
-Es sòlo una òpera hijo
-No quiero che se muera
-Esta vez no morirà, Greg – determinò Olga
-Còmo lo sabes?
-Lo vi en mi bola
-Estàs segura?
-Completamente segura.
Nora Reeves se quedò mirando el libro con cierto aire de consternaciòn, come si cambiar el final fuera para ella un inconveniente insuperable.