Archivio perIsabel Allende

Pag. 18

-Mamà ese hombre me da miedo – susurrò Judy

-Por què hija?

-Porque es negro come un zapato.

-No es el primero que ves, Judy, ya sabes que hay gente de muchos colores y es bueno que asì sea. Los blancos somos los menos (che lingua fantastica lo spagnolo!!!!)

-Ya veo màs blancos que negros, mamà

-èste es sòlo un pedazo del mundo, Judy. En àfrica hay màs negros que blancos. En China tienen la piel amarilla. Si nosotros vivièramos al sur de la frontera, serìamos unos bichos raros, en la calle la gente quedarìa atònita ante tu pelo blanco

-De todos modos ese hombre me asusta

-La piel no importa nada. Mìrale los ojos. Parece un hombre bueno.

-Tiene los mismos ojos de Oliver – anotò Greg con un bestezo.

Pag. 17

Nora Reeves cogiò un libro y leyò en alta voz una enredada historia de agipcios que por lo visto los ninos ya conocìan, porque Gregosry la interrumpiò.

-No quiero que Aìda se muera encerrada en la tumba, mamà

-Es sòlo una òpera hijo

-No quiero che se muera

-Esta vez no morirà, Greg – determinò Olga

-Còmo lo sabes?

-Lo vi en mi bola

-Estàs segura?

-Completamente segura.

Nora Reeves se quedò mirando el libro con cierto aire de consternaciòn, come si cambiar el final fuera para ella un inconveniente insuperable.

Pag. 12

A lo largo de su vida Gregory Reeves sintiò en varias ocasiones ese deslumbramiento ante las sorpresas del mundo, esa sensaciòn de pertenecer a un lugar esplèndido donde todo es posible y cada cosa, desde lo màs sublime hasta lo màs horrendo, tiene una razòn de ser, nada sucede por azar, nada es inùtil, como predicaba a gritos su padre, ardiendo de fervor mesiànico, con una sepiente enroscada a sus pies.